EL PEQUEÑO JORDY

Cynthia Melina, PEP de la novena promoción, nos cuenta desde Ancash acerca de sus impresiones los días previos a iniciar las clases. 

 
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Jordy lee atentamente un cuento. Observo cada gesto suyo como tratando de descifrar hasta el más mínimo pensamiento dentro de su cabecita de ocho años. Por momentos se detiene en una palabra que no puede deletrear del todo y su expresión se torna algo dura. Yo lo ayudo. Y sigue como si nada hubiera pasado. Se esfuerza en todo momento hasta la última línea, donde encuentra la palabra más difícil que haya visto jamás. No puede deletrear ni una parte de ella: tiene dos sílabas trabadas. Lo ayudo por última vez. Termina hasta leer más allá del punto final: un recuadrito donde está la moraleja. Aleja el libro de si sin mirarme esperando una respuesta, le digo que estuvo muy muy bien y de pronto me nacen unas ganas de abrazarlo que reprimo inmediatamente.

Y es que recién lo conozco. A unos días de iniciar las clases, las madres de Rancas vienen a matricular a sus niños a la pequeña escuelita primaria donde mi compañera y yo hemos llegado a cubrir plazas vacías. Su madre vino hace dos días. Ella, como las demás madres, llegó al salón donde la directora estaba matriculando a los niños, pero Jordy se quedó afuera. No me hubiera percatado de que alguien acompañaba a la risueña señora si es que una cabecita no se hubiera asomado por un lado de la puerta. Dos ojos observaron el salón con recelo hasta que su mirada se cruzó con la mía y le sonreí ampliamente recordando a los niños tímidos y asustadizos que había conocido tiempo atrás. Por un segundo creí que no correspondería el gesto catalogándolo como un chico retraído. Pero lo hizo. La cabeza en la puerta se iluminó con una sincera sonrisa. Una burbujita de prejuicio reventó en el aire. Él se animó a entrar, le preguntamos a qué grado pasaba y respondió “tercero”. Algo saltó en mi corazón. Era mi primer alumno.

A primeras horas de la mañana, los tres profesores más la directora (también profesora) fuimos a recoger los materiales que había mandado el Estado a una casa frente a la plazita de Rancas, no muy lejos del colegio. Cuando estábamos a mitad del camino con nuestros paquetes en brazos, Jordy se asomó a observarnos desde el segundo piso de su casa (segundo piso que, por esas circunstancias del relieve, se encontraba a nuestro nivel). “!Jordiiii, ven a ayudar!” grito la directora amistosamente. Inmediatamente con unos saltos cruzó un pequeño muro para llegar a nosotros y se dispuso a cargar libros. Llegamos al salón a contar y acomodar los materiales. La directora lo mandó dos veces más a preguntar por documentos faltantes y él iba y regresaba sin chistar. Realmente creí ser la profesora más afortunada del mundo. Todo sin sabor de mudanza, contratiempos o noticias no gratas se esfumaron.

Luego, caminamos unos minutos por el pequeño colegio. Hablamos de animales, de burros y mulas, de loros que hablaban solo cuando se les daba la gana y del león. ¿Has visto alguna vez un león? me preguntó. Solo en el zoológico, le respondí, si lo ves en persona te come. Hablamos de lo que cultivaban por la zona, de lo que más comía y más le gustaba. Me preguntó si había comido mashua. Yo le dije que por supuesto. Se sorprendió y me preguntó cuántas veces. Le dije uf varias porque mi abuelita es de Ancash también y ella siempre ha cocinado mashua, dije triunfante. Mostró una expresión muy alegre al escuchar eso. Caminamos hacia la cocina y observamos por la ventana. Le dije “Éste será nuestro salón. Como no hay salón para tercero porque somos poquitos, nos vamos a acomodar acá. Vamos a sacar todas esas cosas, vamos a traer unas carpetas y vamos a pegar dibujos en esa pared. ¿Qué  te parece?” Dijo que estaba de acuerdo. Noté que observaba el hueco que hay entre la cocina y el comedor y le dije que el hueco lo taparíamos con una tablita y nadie nos molestaría. Que todo quedaría bonito. Asintió con la cabeza. Nos hicimos cómplices.

Cuando regresamos al salón de primer grado, me dispuse a hojear las decenas de libros de cuentos para niños que se acomodaban en un estante. Inmediatamente Jordy me hace saber cuáles son los cuentos que él y sus amiguitos prefieren. Éste, este y este me dice, señalando dos libritos compilaciones y un pintoresco cuento sobre un hombrecito de oro en una mina: El Muqui. Curioso, pienso. Cerca de este pueblo se encuentra una mina muy grande a nivel nacional. Muchos niños de acá tienen a familiares o conocidos que trabajan allí. Probablemente el cuento atraiga su atención más que otros porque es una realidad que conocen muy bien y se identifican con ella. O quizás no, habría que leerlo con ellos e indagar con preguntas. De todas formas, me da pistas para empezar mi labor de profesora. Me da pistas para poder crear forma de llegar a ellos. Una maraña de ideas se empieza a construir en mi cabeza.

Por lo pronto, el tiempo no pasa por aquí cuando observo los ojos atentos sobre un libro de mi primer alumno y me imagino su vida entera, la que ya vivió y la que está por vivir. No sé si el compromiso se está convirtiendo en amor o el amor en compromiso, pero un natural miedo atraviesa mi mente. Sin una explicación lógica Jordy encontró una vía rápida a mi corazón y se instaló ahí como para no irse jamás. Seguramente sus compañeros seguirán el mismo camino y no hay vuelta atrás.

Alguien grita su nombre desde afuera. Él alza la cabeza instantáneamente como un animalito que “para las orejas” en un milisegundo. Procesa la información, reconoce la voz y parte a la carrera sin despedirse y dejando a medio terminar la galleta que le regaló la directora. Solo sonrío al ver la puerta por donde acaba de pasar un rayo de luz.

Post de Cynthia Melina  en su blog "Alicia's Building" 

¡Puedes leerlo también aquí!: http://www.aliciasbuilding.com/el-pequeno-jordy/ 

 

LOURDES Y GABRIELA: Madre e hija apostando juntas por una educación de excelencia

 

El INVE 2018 fue un espacio de muchas sorpresas, una de ellas, fue que por primera vez en la historia de Enseña Perú, teníamos a madre e hija viviendo juntas este proceso de capacitación. Ambas, arequipeñas, con un mismo sueño, con un mismo propósito y convencidas acerca de la elección que hicieron al postular al Programa De Liderazgo de Enseña Perú.

Lourdes, mamá de Gabriela, es docente de profesión y seguirá impactando en su adorada Arequipa. Mientras que Gabriela, es comunicadora social y toma un nuevo rumbo impactando en San Marcos, Ancash.

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1. ¿Qué motivo a cada una a postular el programa de liderazgo?

Lourdes: Yo ando en busca del conocimiento. Tengo el hábito de capacitarme cada año para llegar al aula con algo nuevo y que mis estudiantes estén al ritmo de la vanguardia educativa. Es así que, por unos videos, encontré la página de Enseña Perú. Investigué y me gustó lo que hacían, mandé inmediatamente mi postulación. Luego, se llevó a cabo “Inspírate 2017” donde escuche a Franco Mosso, el director de Enseña Perú, mis dudas se despejaron y tenía claro que necesitaba un programa así, para potenciar mis conocimientos y liderar mejor a mis estudiantes.

A mí me motivaron mis docentes de la secundaria a ser grande y eso lo tengo presente siempre, pero también sé que solo puedes motivar a otros, si tú logras conectarte con ellos y para eso es necesario tener herramientas. Eso fue lo que me hizo postular al programa.

Gabriela: El primer motivo que tuve para ingresar al Programa de Liderazgo fue el deseo de aprender, aunque en aquel entonces, no estaba realmente segura de qué se trataba, conforme pasó el tiempo, busqué más información, vi algunos videos, conversé con amigos y entendí cuál era el reto de Enseña Perú. El hecho de trabajar de alguna forma a favor de la educación y sumado a que me quiero especializar en comunicación para el desarrollo, fue lo que me convenció de que no había mejor lugar para comenzar.

2. ¿Qué sintieron cuando ambas se enteraron que habían sido seleccionadas?

Lourdes: Yo postulé e ingresé. Mientras que Gabriela se empezó a motivar más desde que asistió al CADE universitario en Lima. Ella se presentó en la última convocatoria y sufrió para enterarse los resultados ya que recién egresaba de la universidad. Sin embargo, un día la llamaron para decirle que estaba adentro y la alegría fue más grande. Chocamos la mano y le dije “allá en el internado ni nos conocemos” porque era necesario tener claro que estábamos ahí por aprender y no por vacaciones. Creo que la alegría fue más grande de mi parte jijiji ya que soy mamá y estoy feliz porque mi hija sabrá lo lindo que es enseñar.

Gabriela: Yo al comienzo me sentí un poco rara porque no estaba muy segura de qué haríamos, menos si lo haríamos juntas. También porque a pesar de estar ahí, ambas queríamos respetar nuestro espacio. Recuerdo que en algún momento me dijo entre risas: "cuando vayamos al internado, ni nos conocemos ah". Pero más allá de todo, creo que me sentí contenta de poder compartir más tiempo con ella, porque siempre es genial pasar tiempo juntas.

3. ¿Cómo han vivido el INVE juntas?

Lourdes: ¡Súper! A pesar de que había días que ni nos veíamos por lo recargado que es el INVE, la mejor semana fue cuando pudimos compartir una misma habitación.Aprendí lo maravilloso que es ver como tus hijos crecen y luego estar hablando con ellas como tus colegas de temas en común. El INVE fue un espacio que llenó mi vida de alegría y felicidad, no solo por mi hija, si no por ver tanta energía de tantos jóvenes.

Gabriela: Lo hemos tratado de vivir lo más independiente posible, es decir, recuerdo que siempre me preguntaban, cómo es posible que puedas convivir tanto tiempo con tu mamá en el internado, y yo no entendía muy bien a qué se referían o por qué les parecía tan fuera de serie, porque creo que todo ha ido súper bien. Le agradezco a ella por respetar mi espacio porque creo que me ha servido para vivir la experiencia y el aprendizaje a mi manera, aunque no puedo negar que de vez en cuando me escapaba para estar con juntas y conversar, nada puede quitar el hecho de que somos madre e hija jajajaja. 

 

Lourdes Lima y Gabriela Sánchez Lima

PEP 9na Promoción

 

MI PRIMERA SEMANA EN EL INVE 2018 #LiderazgoPEP

 

El conocer a Enseña Perú es una experiencia de gran significación para mí tanto como persona y profesional; pero va más allá de lo que había pensado en un inicio; ya que es imposible describir con palabras lo que siento, ahora mismo que intento expresar lo que significa.

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Siento que las palabras no abarcan el significado que pretendo dar, la emoción me embarga, y quiero establecer una secuencia de orden e importancia para cada espacio vivido aquí; pero es difícil y si lo hiciera me parece que dejaría muchos aspectos tan ricos y valiosos en esta casa de retiro Betania en el Callao, y eso no sería justo ni exacto.
 
A estas alturas, al término de mi primera semana, son muchas las experiencias internas que han suscitado en mi dentro de este inolvidable encuentro con personas tan especiales, que al inicio eran totalmente desconocidas, ellos significaban al inicio de todo esto, un misterio para mí.
 
Muchas ideas cruzaban por mi mente cuando llegué, veía a muchos chicos cantando y animosos, ellos contagiaban tanta alegría, tanto entusiasmo que dibujaron una sonrisa en mi rostro desconfiado. Una vez que estuvimos debajo de la unidad que nos trajo, cada detalle de la recepción fue importante, no solo parecían personas felices, ¡realmente lo eran!
 
Algunas personas vieron el video promocional de Enseña Perú que muestra los logros de “Los Guías del Tunsho” y me alegraron diciendo frases tan alegres como que no me conocían pero ya me querían… aunque para mí fue tan especial porque hasta esos momentos no había podido ver aquel video, el cual recién pude observar en mi primera salida el día viernes por la noche en una cabina de internet y me dio tanta emoción el resultado que se presentaba en aquel video; el cual describía muchos pasajes de mi vida en Suitucancha, lugar donde trabajo desde ya casi 10 años.


Luego de ver a los niños del Colegio Fernando Belaunde Terry, con una batucada, quise ver la forma de aprenderla para enseñarla a mis estudiantes pronto.


Los primeros momentos fueron de gran alegría y júbilo, pero conforme iban sucediéndose las actividades y talleres, esta se convirtió en un espacio de cercanía y sinceridad. La gran tarea de descubrirnos a nosotros mismos empezaba entre incertidumbre y desconfianza.
 
Sobre todo, los talleres de liderazgo fueron y son espacios de gran crecimiento y desarrollo personal, las actividades, desconcertantes e inciertas, en un inicio se tornaron cercanas y emotivas a más no poder. Ello fue realmente necesario, no me imagino otro camino para entrar en un diálogo interior con cada uno de los participantes y hoy PEP felices, orgullosos y motivadazos hasta los huesos. Era necesario vaciar aquellas vasijas para poder llenar en ellas un vino nuevo. Sí, es una tarea difícil lo sé, pero no es imposible, aquí estaré al pie del cañón, como se dice, hasta quemar el último cartucho, renovado por la educación de calidad para mis estudiantes.
 
Quiero seguir conectándome con Enseña Perú, con cada proceso formativo. Sé además que el reto de la pasión por la educación no es tanto algo vacío o un cliché, cada uno de nosotros está en pleno y franco proceso de dar el salto; aquel salto que antes era ir a descansar, saltar a dormir a la cama o ir a divertirnos sin sentido los fines de semana; estamos aquí, muchos sin entender claramente un nuevo rol, rol nuevísimo como el de ser docentes, pero ahí con la energía tan pura que tienen los jóvenes profesionales brillantes como una luz en la mañana. Así estoy al final de mi primera semana. Esto es INVE 2018, 9ª promoción, la previa, donde ya somos clasificación, un nuevo panorama se avizora y con fe vamos por más...

Raúl Zegarra
PEP 9na Promoción

 

Son las pequeñas acciones las que cambian el mundo

“Me siento muy emocionado de haber logrado cosas que jamás pensé que podía hacer. Cada persona con la que conversé me brindó más seguridad para tener una playa limpia” dice Max Oroya, estudiante de 3ro de secundaria de nuestro PEP Iván Agapito.

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“Playa Limpia” es un proyecto que nació cuando estudiantes en el distrito de Chao, La Libertad, descubrieron que la playa a la que solían ir desde niños, había quedado totalmente cubierta de desechos que los huaycos trajeron consigo durante el verano de este año. La playa había perdido su encanto, su vibra y, sobre todo, su razón de ser: un punto de encuentro para todos los pobladores de la zona.

Max, juntó a sus amigos y se organizaron para cambiar esta realidad y recuperar su querida playa. De la mano de sus familiares y vecinos, lograron ejecutar varias faenas para limpiar la zona. Pero para Max eso no era suficiente, sentía que podía hacer mucho más. Gracias a su perseverancia y a la convicción en sí mismo y en las personas que lo rodeaban, decidió acudir a las autoridades de su distrito en busca de apoyo.

El proyecto no solo recibió acogida, sino que la Municipalidad ¡destinó una excavadora para remover todos los restos del huayco de la playa! 
Al fin se pudo limpiar un área total de 7,800 m2, cifra que los chicos determinaron a través de los conocimientos que adquirieron sobre áreas compuestas en su curso de geometría.

“A mí me mantiene firme y contento el saber que Max entabló conversaciones con tantas personas, movilizó a tantos con un solo objetivo y que, gracias a su liderazgo y persistencia, logró que en pocos días tengamos de nuevo la playa en las mejores condiciones” cuenta Iván, un PEP que siempre ha creído en sus estudiantes y que confirmó una vez más, que #EsPosible.

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