Son las pequeñas acciones las que cambian el mundo

“Me siento muy emocionado de haber logrado cosas que jamás pensé que podía hacer. Cada persona con la que conversé me brindó más seguridad para tener una playa limpia” dice Max Oroya, estudiante de 3ro de secundaria de nuestro PEP Iván Agapito.

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“Playa Limpia” es un proyecto que nació cuando estudiantes en el distrito de Chao, La Libertad, descubrieron que la playa a la que solían ir desde niños, había quedado totalmente cubierta de desechos que los huaycos trajeron consigo durante el verano de este año. La playa había perdido su encanto, su vibra y, sobre todo, su razón de ser: un punto de encuentro para todos los pobladores de la zona.

Max, juntó a sus amigos y se organizaron para cambiar esta realidad y recuperar su querida playa. De la mano de sus familiares y vecinos, lograron ejecutar varias faenas para limpiar la zona. Pero para Max eso no era suficiente, sentía que podía hacer mucho más. Gracias a su perseverancia y a la convicción en sí mismo y en las personas que lo rodeaban, decidió acudir a las autoridades de su distrito en busca de apoyo.

El proyecto no solo recibió acogida, sino que la Municipalidad ¡destinó una excavadora para remover todos los restos del huayco de la playa! 
Al fin se pudo limpiar un área total de 7,800 m2, cifra que los chicos determinaron a través de los conocimientos que adquirieron sobre áreas compuestas en su curso de geometría.

“A mí me mantiene firme y contento el saber que Max entabló conversaciones con tantas personas, movilizó a tantos con un solo objetivo y que, gracias a su liderazgo y persistencia, logró que en pocos días tengamos de nuevo la playa en las mejores condiciones” cuenta Iván, un PEP que siempre ha creído en sus estudiantes y que confirmó una vez más, que #EsPosible.

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EL TRABAJO JUNTO A LOS JÓVENES DE HIERRO

Juan Pablo Bustamante - Gerente General de Lumni Perú y empleador estrella de Alumni de Enseña Perú

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Cuando escuché hablar sobre Enseña Perú, hace algunos años, pregunté muy superficialmente a qué se dedicaba la organización y me dijeron: “A reclutar jóvenes recién egresados de las mejores universidades para que enseñen por dos años en colegios nacionales y colaboren con mejorar la educación de los niños y jóvenes”. Mi primera reacción fue de sorpresa y admiración, pero también de frustración personal ya que, en comparación con lo que hacían los PEP, mi trabajo era tan superficial y socialmente irrelevante que me sentí un poco mal. Mis hermanos, Ignacio y Javier, participaban activamente en el crecimiento de Enseña Perú y gracias a ellos pude saber un poco más de la ONG y también pude conocer a Álvaro. En ese momento, no sabía que en el futuro estaría mucho más ligado a la organización.

Yo había terminado mi maestría en Buenos Aires y se me había presentado la oportunidad de trabajar en Lumni, una empresa que operaba en Chile, Colombia, México y Estados Unidos y que planeaba ingresar al Perú. Sentía que con ese trabajo tendría un papel más relevante en el plano social. Así que pasé por varias entrevistas hasta que Felipe Vergara, CEO y fundador de Lumni, me dijo: “Tienes que conocer a Charo Rojas, me la han recomendado mucho y ya está avanzando el proyecto”. Charo, abogada limeña con una maestría en Ciencias Políticas, acababa de entrar a trabajar en Lumni como Student Manager luego de haber sido PEP por dos años en un colegio en Pachacutec. Recuerdo la primera llamada que tuvimos con Charo. Lo que más me impresionó fue la energía que tenía. Percibí que no era una persona quebuscaba un trabajo para hacer plata rápido, sino que se notaba que buscaba hacer un cambio profundo en la sociedad, como lo que propone Lumni en los países donde opera.

Vi en Charo a una persona imparable, con hambre de aprender constantemente y que nunca dejó de lado su sonrisa y optimismo, factores quefueron determinantes para liderar el área de operaciones y apoyar en el cumplimiento de nuestros objetivos.

Al mes, nos dimos cuenta de que necesitábamos una persona más para el equipo y lo primero que le pregunté fue: “¿Tienes más conocidos en Enseña Perú que quieran trabajar con nosotros?”. Charo me miró, y sonrió. En los dos días siguientes, entrevistamos a siete candidatos, todos Alumnis de Enseña Perú y de una calidad humana altísima. El factor en común en ellos fue un entusiasmo increíble y una mirada que trasmitía seguridad. La seguridad de que lo que vivieron en esos dos años como PEP los había cambiado para siempre. Fue así, luego de varias entrevistas, que elegimos a Ceci Saavedra como nueva integrante del equipo.

Ceci, al tener un perfil distinto al de Charo, supo encontrar su lugar en Lumni y potenciar sus habilidades. Ella es historiadora y tiene una vocación natural para enseñar, elegir adecuadamente sus palabras para manejar las relaciones con los estudiantes y el resto del equipo. Calmada, ordenada, meticulosa, alegre y chambeadora, es la responsable directa de todos los chicos que ingresan al sistema Lumni. Así, de un momento a otro, con sólo tres personas en el start-up (el 66%) estaba conformado por Alumnis de Enseña Perú. Tener a Ceci y a Charo en Lumni fue lo más acertado que pudimos hacer. Tienen un perfil especial, muy escaso en este mercado, en el que dan el 100% de su esfuerzo para trabajar por los demás. Siempre les digo que Enseña Perú les hace algo que les deja una huella imborrable y que me encantaría que algún día Lumni haga algo similar por la gente que trabaja ahí.

Desde que comenzamos a trabajar hemos estado muy cerca de Enseña Perú. Hemos tenido muchas reuniones con Álvaro, Franco y demás miembros del equipo que nos han ayudado mucho y que nosotros hemos ayudado. Evaluamos juntos proyectos a largo plazo para el beneficio de los jóvenes talentos más necesitados y hasta incluso fui coach de Carmen, PEP del 2013, a quien me tocó ayudar para ver cómo se podría recolocar en el mercado cuando termine su labor como profesora.

Con ella entendí la energía que tienen los PEP, su entusiasmo, optimismo y seguridad. Han pasado por situaciones realmente duras que no lograron quebrarlos, sino fortalecerlos. Para ellos, los momentos difíciles son manejables y trabajar bajo presión es parte de su día. Las situaciones adversas son constantes y manejar la relación con diferentes públicos es natural (lidian con alumnos, padres de familia, profesores, directores, etc.). Por eso hoy me doy cuenta de que un PEP no es alguien que simplemente decidió hacer un bien social. Es alguien que eligió una forma diferente de ver las cosas, que está dispuesta o dispuesto a dedicarle dos años para tratar de cambiarle la vida a varios chicos y de apostar por una mejora en la sociedad, no a través del dinero sino a través de la acción.

Ser PEP vale más que cualquier título académico o cargo en una empresa. Es un escudo que los acompañará toda la vida y que refleja un espíritu de hierro y un corazón enorme que los ayudará a alcanzar todo lo que se propongan.

DETRÁS DE LA CÁMARA DE LA PRIMERA CAMPAÑA

Diana Cabrera– Ex miembro del staff y primera reclutadora de jóvenes universitarios

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Días antes de cerrar las postulaciones, nos dedicamos a llamar uno por uno a los postulantes para que terminaran de aplicar. Logramos el objetivo: teníamos 2.000 postulaciones iniciadas y 800 terminadas

La noche del 8 de febrero del año 2009, llegó a mis oidos por primera vez aquella sorprendente idea de enviar a las aulas escolares al mejor talento profesional. Sucedió en la casa de Álvaro, a quien en ese momento yo sólo conocía por la universidad. No importaba mucho que aún no tuviésemos una gran amistad, ni que yo estuviera cansada por el trabajo del día, el proyecto era tan maravilloso que yo no aguantaba la emoción por empezar a colaborar en él. Sin duda, aquella noche de verano empezó una de las aventuras más emocionantes y retadores de mi vida.

En los días siguientes, comenzamos a trabajar en el plan de negocio necesario. Debíamos conseguir el capital semilla del proyecto y obtener el respaldo de la red Teach For All. Yo trabajaba en una compañía trasnacional, y a pesar de ello, no hacía más que soñar despierta con el día en que pudiera dedicarme a tiempo completo a lo que luego llamaríamos como Enseña Perú. Al poco tiempo, comenzamos a ver los primeros

logros: conseguimos el capital semilla y con eso estábamos listos para empezar. La pasión con la que trabajábamos era tal en esos meses que nada era un impedimento para nosotros. Ni bien Enseña Perú pasó por el proceso de definir su imagen ––tras varias noches de desvelo y muchos ensayos y errores–– y elegir el logotipo, tuvimos tan solo seis meses para lograr lo que habían logrado Enseña Chile y Teach For America en un año de trabajo. Hay una frase de Henry Ford que resume nuestro compromiso: “Ya sea que creas que se puede o creas que no se puede, estás en lo cierto”. La pasión y el cariño que caracterizaba nuestro trabajo hizo que recibiéramos ayuda de diversas personas: un equipo fabuloso de Procter & Gamble, liderado por Toni del Río, realizó nuestra primera sesión de creatividad y brainstorming para lo que sería la comunicación de nuestra primera campaña de difusión en universidades. Y luego de tener el brief en mano, ideamos los detalles de la campaña con los aprendizajes de un curso que Gonzalo Pérez llevaba en la universidad.

Pasado un tiempo, dejamos las cafeterías para instalarnos en la sede de Miraflores de la Universidad Cayetano Heredia. Allí, operaríamos por casi dos años, en un cuarto pequeñísimo, con dos escritorios, un par de ventanas que se abrían con solo empujarlas y millones de cables de teléfono y electricidad hechos marañas por doquier. Así llegó nuestra primera aparición pública: el CADE Universitario del 2009, en el que Álvaro tuvo un espacio para hacer su magia: inspirar. Fue tan efectivo que logramos congregar el primer grupo de coordinadores universitarios. Su misión: difundir el programa.

Fueron seis semanas de intensa campaña, hablando en salones, realizando charlas en universidades, participando en ferias de trabajo, iniciando nuestra comunidad en Facebook, conversando con líderes de grupos de voluntariado y, nuestro orgullo más grande, lanzando nuestro primer spot de reclutamiento con la participación de reconocidas figuras, como Gastón Acurio y Vania Masías.

Las semanas pasaban y, aunque las postulaciones iban en aumento, crecía nuestro estrés por conseguir fondos y por alcanzar los números de postulaciones que necesitábamos. Días antes de cerrar las postulaciones, nos dedicamos a llamar uno por uno a los postulantes para que terminaran de aplicar. Logramos el objetivo: teníamos dos mil postulaciones iniciadas y 800 terminadas correctamente, el número idóneo para llevar a cabo el proceso de selección.

Luego de un veloz entrenamiento en selección por competencias con nuestros vecinos de Enseña Chile y de leer 800 postulaciones entre diez evaluadores, logramos seleccionar a aproximadamente 300 profesionales, que asistieron a nuestro primer día de entrevista.

Dos semanas después, nuestra primera promoción estaba elegida. Cuando llegó la época de reclutamiento de nuestro segundo año, en el que ya teníamos los fondos necesarios, escuelas listas para recibir a los nuevos PEP y, lo más importante, 26 locos trabajando en las aulas, día a día, con resultados tangibles, me parecía realmente increíble y descabellado, cómo habíamos logrado interesar a dos mil personas con solo un sueño, una promesa, pero sin absolutamente nada tangible.

Hoy, luego de cinco años, me genera una satisfacción muy grande ver todo lo que se ha logrado. Todas las personas que hemos involucrado, todas las vidas que hemos tocado, cuántas personas creen y creyeron en nosotros y sobre todo, cuántos jóvenes están dispuestos a dejar momentáneamente sus carreras por hacer un generosa contribución a nuestro país. Enseña Perú no es más un sueño. La mejoría de la educación es una realidad, tangible y profundamente alentadora.

DEL SUEÑO DE UN AULA FELIZ A UN PAÍS FELIZ

Irene Arellano - Relacionista Comunitaria y Primera Alumni Enseña Perú

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Me enamoré de Enseña Perú mientras era voluntaria de las charlas de reclutamiento en las universidades y me enamoré de la educación mientras daba clases a mis estudiantes

Estábamos en la cuenta regresiva. Era mediados del 2011, nuestro último año. La primera promoción de Enseña Perú nos reunimos en las oficinas de San Isidro para definir los siguientes pasos del gran movimiento que estábamos a punto de comenzar. Era de noche, y con el cansancio de un día de escuela y el estrés por no conseguir un empleo al finalizar la experiencia docente, los 26 “de–mentes”, como nos gusta llamarnos, comenzábamos a reflexionar sobre cómo nos sentíamos. Uno por uno, tanto los presentes en la sala como los que estaban vía Skype, comenzamos a sincerarnos y responder de corazón.

Hubo risas nerviosas al comienzo. Pero luego, el valiente de Juan Huamán abrió la conversación reconociendo que se sentía preocupado. Y entonces poco a poco salieron los testimonios del corazón: “Estoy triste porque no sé si hice lo suficiente por mis alumnos”. “Estoy algo decepcionado por no saber a qué viene”. “La verdad, que estoy muy angustiada, pues hasta ahora no hay ofertas de trabajo ni de estudios” “¿Cómo vamos a crear el movimiento?”. Del otro lado, nos miraban y escuchaban Mauricio y Franco e intentaban promover paciencia y calma entre nosotros.

Sería lindo decir que salimos motivados de esa reunión, pero la verdad es que si no. Quizá sin nuestros valores y sueños no habríamos podido dejar jamás aquella angustia. Con nuestro corazón en el salón y nuestras mentes en el calendario, pasaron agosto y octubre. Ese mes comenzaron a aparecer algunas luces de esperanza. Roxana y Yérica habían sido becadas para uno de los programas de liderazgo más importantes: “Global Competitiveness Leadership Program de la Universidad de Georgetown”. Algunas ofertas de trabajo comenzaron a llegar a nuestras bandejas de correo electrónico. El primer proyecto de coaching de Enseña Perú estaba dando frutos, convenciéndonos del mundo de posibilidades que había para nosotros.

Para noviembre muchas de las preocupaciones de qué venía pasaron a segundo plano. Ya no había tiempo para esperar correos o tener entrevistas, nuestro tiempo estaba abocado a nuestros alumnos. Preparamos nuestras últimas clases, nuestros últimos boletos de salida. Vivimos con emoción los últimos recreos, las últimas reuniones de profesores, las últimas revisiones de cuadernos.

“Pa’lante, Jhonny”, nos repetíamos. No había forma de no perseverar. Y así, finalmente, llegó el último día: la clausura. Y con ella, algunos mensajes imborrables: “Nunca la voy a olvidar, Miss”; “No se olvide de nosotros, profe”. También hubo agradecimientos y muchas lágrimas de felicidad. Y dentro de todo, una gran verdad: nada estaba terminando. Había más camino por recorrer.

El sábado 21 de enero, casi todos los de-mentes que comenzamos esta aventura, la “terminamos” juntos presenciando nuestra ceremonia. Nos acompañaron aliados, el staff, nuestros familiares y amigos. Hubo videos, fotos, muchas risas y lágrimas. Hasta que llegó el momento del discurso de despedida, un discurso que tuve el honor de hacer.

Mientras hablaba, invité a toda la audiencia a viajar con nosotros por esos dos años hermosos y agradecí en nombre de mi promo a todos los que lo hicieron posible. Hice un llamado a nuestro “Yonny”, a Irene, a Jorge, a Juan, a las Roxanas, a Mónica, a Alex, a Susana, a los Josés, a Wilder, a Ruth, a Flow, a Rolando, a Silvia, a Luchechita, a Charo, a La Martens, a Yessi, a Anjelina, a Yérica, a Claudia, a Lili, a Paola y la Wilma: “Nuestro trabajo y compromiso no acabó en las aulas.

Aún nos queda trabajo por hacer, por nuestros hijos primero y segundo de primaria, por los terribles de cuarto, quinto y sexto de primaria; por los jóvenes de primero y segundo de secundaria. Por nuestros amigos de tercero y cuarto de secundaria. Por el futuro de los de quinto de secundaria. Es por ellos y por todos los demás que todavía no conocemos que hoy que comienza la carrera más larga. Hoy comienza nuestro trabajo para que ese algún día llegue a más oídos y corazones.

Hoy, somos 26, una familia, una unidad. Hoy comenzamos a trabajar para que más niños tengan la oportunidad de soñar, no más como una utopía, sino como un ideal.

Me enamoré de EP mientras era voluntaria de reclutamiento en las universidades y me enamoré de la educación mientras daba clases a mis estudiantes. Aprendí más de mis compañeros que de todos los libros que leí en la universidad. Gracias a esos dos años me di cuenta cuál era mi rol y mi misión en la vida. Como dije el día de mi graduación y lo reafirmo hoy: nada nos va a detener hasta lograr el país que todos ansiamos. “Si la violencia mata a las personas… / Si el hambre no deja pensar… / Si la inconciencia no deja progresa… / ¡Que no se sume la ignorancia! / Nuestro destino no puede esperar.”