Irene Arellano - Relacionista Comunitaria y Primera Alumni Enseña Perú

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Me enamoré de Enseña Perú mientras era voluntaria de las charlas de reclutamiento en las universidades y me enamoré de la educación mientras daba clases a mis estudiantes

Estábamos en la cuenta regresiva. Era mediados del 2011, nuestro último año. La primera promoción de Enseña Perú nos reunimos en las oficinas de San Isidro para definir los siguientes pasos del gran movimiento que estábamos a punto de comenzar. Era de noche, y con el cansancio de un día de escuela y el estrés por no conseguir un empleo al finalizar la experiencia docente, los 26 “de–mentes”, como nos gusta llamarnos, comenzábamos a reflexionar sobre cómo nos sentíamos. Uno por uno, tanto los presentes en la sala como los que estaban vía Skype, comenzamos a sincerarnos y responder de corazón.

Hubo risas nerviosas al comienzo. Pero luego, el valiente de Juan Huamán abrió la conversación reconociendo que se sentía preocupado. Y entonces poco a poco salieron los testimonios del corazón: “Estoy triste porque no sé si hice lo suficiente por mis alumnos”. “Estoy algo decepcionado por no saber a qué viene”. “La verdad, que estoy muy angustiada, pues hasta ahora no hay ofertas de trabajo ni de estudios” “¿Cómo vamos a crear el movimiento?”. Del otro lado, nos miraban y escuchaban Mauricio y Franco e intentaban promover paciencia y calma entre nosotros.

Sería lindo decir que salimos motivados de esa reunión, pero la verdad es que si no. Quizá sin nuestros valores y sueños no habríamos podido dejar jamás aquella angustia. Con nuestro corazón en el salón y nuestras mentes en el calendario, pasaron agosto y octubre. Ese mes comenzaron a aparecer algunas luces de esperanza. Roxana y Yérica habían sido becadas para uno de los programas de liderazgo más importantes: “Global Competitiveness Leadership Program de la Universidad de Georgetown”. Algunas ofertas de trabajo comenzaron a llegar a nuestras bandejas de correo electrónico. El primer proyecto de coaching de Enseña Perú estaba dando frutos, convenciéndonos del mundo de posibilidades que había para nosotros.

Para noviembre muchas de las preocupaciones de qué venía pasaron a segundo plano. Ya no había tiempo para esperar correos o tener entrevistas, nuestro tiempo estaba abocado a nuestros alumnos. Preparamos nuestras últimas clases, nuestros últimos boletos de salida. Vivimos con emoción los últimos recreos, las últimas reuniones de profesores, las últimas revisiones de cuadernos.

“Pa’lante, Jhonny”, nos repetíamos. No había forma de no perseverar. Y así, finalmente, llegó el último día: la clausura. Y con ella, algunos mensajes imborrables: “Nunca la voy a olvidar, Miss”; “No se olvide de nosotros, profe”. También hubo agradecimientos y muchas lágrimas de felicidad. Y dentro de todo, una gran verdad: nada estaba terminando. Había más camino por recorrer.

El sábado 21 de enero, casi todos los de-mentes que comenzamos esta aventura, la “terminamos” juntos presenciando nuestra ceremonia. Nos acompañaron aliados, el staff, nuestros familiares y amigos. Hubo videos, fotos, muchas risas y lágrimas. Hasta que llegó el momento del discurso de despedida, un discurso que tuve el honor de hacer.

Mientras hablaba, invité a toda la audiencia a viajar con nosotros por esos dos años hermosos y agradecí en nombre de mi promo a todos los que lo hicieron posible. Hice un llamado a nuestro “Yonny”, a Irene, a Jorge, a Juan, a las Roxanas, a Mónica, a Alex, a Susana, a los Josés, a Wilder, a Ruth, a Flow, a Rolando, a Silvia, a Luchechita, a Charo, a La Martens, a Yessi, a Anjelina, a Yérica, a Claudia, a Lili, a Paola y la Wilma: “Nuestro trabajo y compromiso no acabó en las aulas.

Aún nos queda trabajo por hacer, por nuestros hijos primero y segundo de primaria, por los terribles de cuarto, quinto y sexto de primaria; por los jóvenes de primero y segundo de secundaria. Por nuestros amigos de tercero y cuarto de secundaria. Por el futuro de los de quinto de secundaria. Es por ellos y por todos los demás que todavía no conocemos que hoy que comienza la carrera más larga. Hoy comienza nuestro trabajo para que ese algún día llegue a más oídos y corazones.

Hoy, somos 26, una familia, una unidad. Hoy comenzamos a trabajar para que más niños tengan la oportunidad de soñar, no más como una utopía, sino como un ideal.

Me enamoré de EP mientras era voluntaria de reclutamiento en las universidades y me enamoré de la educación mientras daba clases a mis estudiantes. Aprendí más de mis compañeros que de todos los libros que leí en la universidad. Gracias a esos dos años me di cuenta cuál era mi rol y mi misión en la vida. Como dije el día de mi graduación y lo reafirmo hoy: nada nos va a detener hasta lograr el país que todos ansiamos. “Si la violencia mata a las personas… / Si el hambre no deja pensar… / Si la inconciencia no deja progresa… / ¡Que no se sume la ignorancia! / Nuestro destino no puede esperar.”