Diana Cabrera– Ex miembro del staff y primera reclutadora de jóvenes universitarios

diana cabrera.png

Días antes de cerrar las postulaciones, nos dedicamos a llamar uno por uno a los postulantes para que terminaran de aplicar. Logramos el objetivo: teníamos 2.000 postulaciones iniciadas y 800 terminadas

La noche del 8 de febrero del año 2009, llegó a mis oidos por primera vez aquella sorprendente idea de enviar a las aulas escolares al mejor talento profesional. Sucedió en la casa de Álvaro, a quien en ese momento yo sólo conocía por la universidad. No importaba mucho que aún no tuviésemos una gran amistad, ni que yo estuviera cansada por el trabajo del día, el proyecto era tan maravilloso que yo no aguantaba la emoción por empezar a colaborar en él. Sin duda, aquella noche de verano empezó una de las aventuras más emocionantes y retadores de mi vida.

En los días siguientes, comenzamos a trabajar en el plan de negocio necesario. Debíamos conseguir el capital semilla del proyecto y obtener el respaldo de la red Teach For All. Yo trabajaba en una compañía trasnacional, y a pesar de ello, no hacía más que soñar despierta con el día en que pudiera dedicarme a tiempo completo a lo que luego llamaríamos como Enseña Perú. Al poco tiempo, comenzamos a ver los primeros

logros: conseguimos el capital semilla y con eso estábamos listos para empezar. La pasión con la que trabajábamos era tal en esos meses que nada era un impedimento para nosotros. Ni bien Enseña Perú pasó por el proceso de definir su imagen ––tras varias noches de desvelo y muchos ensayos y errores–– y elegir el logotipo, tuvimos tan solo seis meses para lograr lo que habían logrado Enseña Chile y Teach For America en un año de trabajo. Hay una frase de Henry Ford que resume nuestro compromiso: “Ya sea que creas que se puede o creas que no se puede, estás en lo cierto”. La pasión y el cariño que caracterizaba nuestro trabajo hizo que recibiéramos ayuda de diversas personas: un equipo fabuloso de Procter & Gamble, liderado por Toni del Río, realizó nuestra primera sesión de creatividad y brainstorming para lo que sería la comunicación de nuestra primera campaña de difusión en universidades. Y luego de tener el brief en mano, ideamos los detalles de la campaña con los aprendizajes de un curso que Gonzalo Pérez llevaba en la universidad.

Pasado un tiempo, dejamos las cafeterías para instalarnos en la sede de Miraflores de la Universidad Cayetano Heredia. Allí, operaríamos por casi dos años, en un cuarto pequeñísimo, con dos escritorios, un par de ventanas que se abrían con solo empujarlas y millones de cables de teléfono y electricidad hechos marañas por doquier. Así llegó nuestra primera aparición pública: el CADE Universitario del 2009, en el que Álvaro tuvo un espacio para hacer su magia: inspirar. Fue tan efectivo que logramos congregar el primer grupo de coordinadores universitarios. Su misión: difundir el programa.

Fueron seis semanas de intensa campaña, hablando en salones, realizando charlas en universidades, participando en ferias de trabajo, iniciando nuestra comunidad en Facebook, conversando con líderes de grupos de voluntariado y, nuestro orgullo más grande, lanzando nuestro primer spot de reclutamiento con la participación de reconocidas figuras, como Gastón Acurio y Vania Masías.

Las semanas pasaban y, aunque las postulaciones iban en aumento, crecía nuestro estrés por conseguir fondos y por alcanzar los números de postulaciones que necesitábamos. Días antes de cerrar las postulaciones, nos dedicamos a llamar uno por uno a los postulantes para que terminaran de aplicar. Logramos el objetivo: teníamos dos mil postulaciones iniciadas y 800 terminadas correctamente, el número idóneo para llevar a cabo el proceso de selección.

Luego de un veloz entrenamiento en selección por competencias con nuestros vecinos de Enseña Chile y de leer 800 postulaciones entre diez evaluadores, logramos seleccionar a aproximadamente 300 profesionales, que asistieron a nuestro primer día de entrevista.

Dos semanas después, nuestra primera promoción estaba elegida. Cuando llegó la época de reclutamiento de nuestro segundo año, en el que ya teníamos los fondos necesarios, escuelas listas para recibir a los nuevos PEP y, lo más importante, 26 locos trabajando en las aulas, día a día, con resultados tangibles, me parecía realmente increíble y descabellado, cómo habíamos logrado interesar a dos mil personas con solo un sueño, una promesa, pero sin absolutamente nada tangible.

Hoy, luego de cinco años, me genera una satisfacción muy grande ver todo lo que se ha logrado. Todas las personas que hemos involucrado, todas las vidas que hemos tocado, cuántas personas creen y creyeron en nosotros y sobre todo, cuántos jóvenes están dispuestos a dejar momentáneamente sus carreras por hacer un generosa contribución a nuestro país. Enseña Perú no es más un sueño. La mejoría de la educación es una realidad, tangible y profundamente alentadora.